El inicio del Mundial 2026 reflejó dos Méxicos: mientras aficionados gritaron y festejaron el debut de la Selección Nacional dentro y fuera del Estadio Azteca sin importar la hora o la lluvia con matracas, banderas y silbatos, en las calles de la Ciudad de México se vivía otra realidad: una que se ha tatuado en los últimos 20 años de violencia en el país, que ha dejado familias incompletas, fragmentadas y con miles de desaparecidos. Con las fotos de sus famliares pegadas al pecho, los colectivos de búsqueda se apostaron en el Ángel de la Independencia, mientras otros marcharon hacia el epicentro del espectáculo para tratar de mostrarle al mundo el dolor e indignación que se vive en el país donde los desaparecidos se cuentan hasta llegar a los 133,000. A estos reclamos se sumaron desde temprano los amagos de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que por días acapararon las protestas que paralizaron varias zonas de la ciudad para orillar al gobierno a derogar la Ley del ISSSTE, que la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador prometió sin cumplir y, que hasta esta mañana, tenía de un hilo al gobierno del presidenta Claudia Sheinbaum tras su amago de boicotear el arranque de la Copa Mundial. Un grupo de maestros avanzó hacia el recinto donde se disputó el partido inaugural entre México y Sudáfrica , donde 80,000 afortunados con boleto buscaban, desesperados, opciones para llegar.
Un espacio, dos propósitos
En el Ángel de la Independencia, la Madres Buscadoras, compartieron espacio con los aficionados, que sin una opción de boleto para entrar a recinto oficial, acudieron al monumento en Paseo de la Reforma con «jerseys» verdes, matracas y múltiples cánticos para apoyar a la selección. Desde la Columna de la Independencia, las manifestantes colocaron mantas con los rostros de sus familiares desaparecidos y lanzaron consignas por casi siete horas, exigieron a las autoridades mexicanas encontrar a sus familiares y acusaron al gobierno de minimizar el problema. María del Refugio Palacios, quien lleva casi dos años buscando a su madre Guadalupe Ruiz González —desapareció en el Metro Acatitlán, en la alcaldía Iztapalapa a la edad de 70 años— aseguró que «la manifestación no era para arruinar» la fiesta futbolera, sino crear conciencia sobre la realidad social que se vive en México. “En este país somos nosotras y nosotros mismos quienes buscamos, ante la negligencia, la incapacidad y la complicidad del Estado”, señaló la activista al tomar un megáfono que pasaba de mano en mano de las madres buscadoras. A unos cuantos pasos, aficionados que festejaban que México tuviera su primer partido de la Copa Mundial, echaban porras “México, México” o bailaban al ritmo de la batucada. La realidad de ellos y la de las madres buscadoras no era la misma. Ellas señalaban que “ni con una escoba ni con pintura” se borraba la realidad que se vive en materia de seguridad en México, y a no más de 10 metros, había un escenario en donde músicos y mariachi iniciaban el preámbulo de un festejo que culminó con más de 120,000 personas, según cifras del gobierno capitalino, para celebrar la victoria de México frente a Sudáfrica.
La fiebre mundialista también apagó los 11 días de protestas continuas de la CNTE que tenían en mente boicotear la inauguración del Mundial. Los docentes marcharon de la Central de Autobuses del Sur, en Taxqueña, hacia el Estadio CDMX, pero, igual que días previos, un bloque policial a la altura de División del Norte frenó su avance. En ese punto los esperaban tres capas de contención. Primero, un gran número de policías ubicados detrás de dos grandes cajas de camión y bloques de concreto. Y hasta adelante, en primera línea, los esperaba una valla humana de unas 200 personas. Todas vestían playera blanca con pantalones de mezclilla y se autodenominaron “voluntarios por la paz”. Los maestros decidieron parar la marcha a unos metros de distancia para evitar altercados y ahí declararon que continuarán con la huelga nacional hasta que el gobierno mexicano resuelva sus demandas, pero tras permanecer en la Calzada de Tlalpan por alrededor de 90 minutos, cabizbajos, iniciaron la retirada. La CNTE se manifestó de forma pacífica, pero no fue el único contingente. Otras protestas lograron avanzar más y se enfrentaron a policías que les impedían el paso. Adentro, el balón corriendo, los gritos y las porras; afuera, los toletes, los gases y los golpes. El altercado se controló previo a que terminara el partido, por lo que quienes vivieron la fiesta en el Estadio CDMX no se percataron de lo sucedido.
Entre el campamento de la CNTE y el Fan Fest Los maestros se dirigieron al Centro Histórico, donde sus casas de campaña los esperaban y donde a unos pasos se vivía la fiesta en el FIFA Fan Fest, aunque por semanas se consideró el lugar donde la presidenta Claudia Sheinbaum disfrutara el partido inaugural tras ceder su boleto para el Estadio CDMX, al final en él solo aficionados gritaron, bailaron y cantaron ahí. Manuel Espinosa, quien hace 24 años migró solo hacia Estados Unidos, regresó a México junto a su esposa Minerva y sus dos hijas para apoyar a la selección desde el FIFA Fan Fest. El joven no compró boletos para la inauguración pues, aunque vive en Phoenix, Arizona, y gana en dólares, los precios para ingresar al Estadio CDMX fueron inaccesibles. «Definitivamente, también para nosotros que vivimos allá (son caros), pero afortunadamente se han abierto espacios y lo importante es venir con toda la familia. Lo vamos a vivir aquí en la Ciudad de México, la verdad es que está muy bonito todo», contó. Al minuto ocho México abrió el marcador con el primer gol, que provocó el retumbar del Zócalo ante gritos de emoción. «Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones», entonaron al unísono los aficionados en el Zócalo junto a los espectadores del Estadio CDMX pese a los 17 kilómetros de distancia. El segundo gol de México frente a Sudáfrica llegó al minuto 65, afirmando el marcador para el equipo anfitrión. «¡De aquí al Ángel!», comenzaron a convocar los asistentes, pese a que no se despegaron hasta el final del segundo tiempo. Apenas minutos del silbatazo final del partido, una fuerte lluvia obligó a las y los asistentes a buscar refugio de las ráfagas de agua y viento bajo las carpas de servicios instaladas por el Gobierno capitalino y en la zona de alimentos, bebidas y patrocinadores de la FIFA. Fue hasta una hora después cuando la lluvia dio tregua y el festejo revivió con la música de la banda El Recodo. La fiesta no paró para los aficionados que cumplieron y movieron su festejo al Ángel de la Independencia en donde las madres buscadoras, en medio de la lluvia, continuaban con las fotografías de sus padres, hermanos, esposos e hijos contra su pecho y alzando la voz.
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