No se vale que Morena haya prometido una larga lista de compromisos para llegar al poder y que todo haya resultado una gran estafa. No se vale que prometieran acabar con la corrupción y que, en los hechos, hayan abierto la puerta a formas de robo masivo como el huachicol fiscal, uno de los mayores escándalos de desvío de recursos en la historia del país.
No se vale que hayan entregado miles de millones de pesos para subsidiar a Pemex, a pesar de que la refinación ya era deficitaria, y que aun así hayan construido una refinería que no opera como se prometió y cuyo costo triplicó el presupuesto original, hasta superar los 20,000 millones de dólares. No se vale que hayan financiado caprichos sin planeación ni sustento económico, como resucitar una aerolínea que es un pozo sin fondo de subsidios, pérdidas y competencia desleal con el sector privado. No se vale que, ante una oportunidad histórica de crecimiento gracias a la relocalización de empresas, se hayan dedicado a espantar la inversión. No se vale que prometieran regresar a las fuerzas armadas a sus cuarteles y que, en su lugar, las hayan metido en aeropuertos, aduanas, puertos, distribución de medicinas y seguridad pública, con una enorme exposición al manejo de recursos y a la corrupción. No se vale que hayan cancelado el NAIM en Texcoco, el mejor proyecto de infraestructura de América Latina, para tirar el dinero en un AIFA que sigue sin resolver la saturación aérea de la capital. No se vale que dijeran que no talarían un solo árbol y que hayan devastado millones de ellos para construir en la península de Yucatán un tren que apenas mueve pasajeros y cuesta una fortuna mantener. No se vale que hayan desmantelado el sistema de compra y distribución de medicinas y provocado un desabasto que, en los hechos, obligó a millones de familias a pagar de su bolsillo su atención médica.
No se vale que cancelaran el Seguro Popular y dejaran a más de 30 millones de mexicanos sin cobertura, incluso ante enfermedades catastróficas. No se vale que prometieran un sistema de salud como el danés y que hoy enfrentemos el abandono de la vacunación y el regreso de enfermedades que ya habíamos controlado, como el sarampión. No se vale que improvisaran ante la pandemia, con más de medio millón de muertes en exceso producto de decisiones sin sustento técnico ni científico. No se vale que hayan desprotegido al personal de salud, uno de los gremios con más muertes en el mundo durante la pandemia, que todavía hoy carece de los instrumentos más elementales y de salarios dignos. No se vale que crearan el Insabi, derrocharan más de 400,000 millones de pesos y reconocieran tres años después que no servía, para luego gastar todavía más en el IMSS Bienestar y en una megafarmacia que no funciona.
No se vale que dijeran que no aumentarían la deuda y que, en apenas ocho años, la hayan duplicado: lo que el país acumuló en más de dos siglos, unos 10 billones de pesos, hoy supera los 20 billones. No se vale que prometieran respetar la división de poderes y la autonomía judicial, y que luego atacaran a sus integrantes al grito de que no les vinieran “con que la ley es la ley”. No se vale que, como represalia contra ministros, magistrados y jueces que se atrevieron a frenar sus abusos, hayan demolido al Poder Judicial con un proceso electoral viciado e inducido. No se vale que quienes nacieron enarbolando la transparencia hayan usado su mayoría para eliminar el INAI y dejar en su lugar una oficina de gobierno dedicada a negar información a los ciudadanos. No se vale que hayan cooptado organismos como la CNDH, que hoy blinda a los funcionarios en vez de proteger a la población. No se vale que, habiendo llegado al poder por las urnas, busquen controlar a los órganos y tribunales electorales para impedir nuevas alternancias. No se vale que, en lugar de proteger a la nación, hayan tolerado vínculos con la delincuencia organizada para impulsar sus aspiraciones electorales y repartir negocios. Lo que pudo ser un verdadero cambio terminó en un desmantelamiento que, por su consistencia, difícilmente es casual. Pero el reproche no es solo para ellos. También nos toca a nosotros. No se vale que falte entusiasmo para detener la destrucción del país. No se vale que nos resignemos, como si el destino estuviera escrito. No se vale la pasividad de tantos actores sociales, empresarios incluidos, ni la de los millones que no salieron a votar en 2024. No se vale olvidar que Morena llegó en 2018 montada en el hartazgo por los abusos del pasado, aunque nunca ofreció un proyecto real, sino frases pegajosas sin planeación seria. No se vale que los jóvenes, a quienes más tiempo les tocará padecer las consecuencias, estén entre los sectores menos participativos. No se vale ignorar que estamos ante una captura gradual y sistemática de las instituciones, ni que ya se mire con simpatía el ejemplo nicaragüense, donde las elecciones dejan de importar porque amenazan al régimen. No se vale pasar por alto que, sin resultados que presumir, Morena se juega su capital político con el discurso de la soberanía nacional: la señal más clara de que ya no tiene con qué defender su gestión. No se vale que la oposición anteponga sus intereses particulares a la urgencia de unirse y coordinarse para propinar derrotas emblemáticas. No se vale que dudemos de que es posible, por la fuerza del voto, quitarle a Morena el control de la Cámara de Diputados, de muchas de las 17 gubernaturas en juego, de varios congresos locales y de miles de municipios que merecen mejores gobiernos. No se vale que perdamos de vista que el 6 de junio de 2027 puede ser la última oportunidad de esta generación para decidir su futuro en elecciones en las que los votos los contemos los ciudadanos. No se vale quedarnos en casa: hagamos un pacto para promover el voto, vigilar casillas, ser representantes de partido, contar cada voto y defender los resultados. Nuestro país nos necesita como nunca para detener la hemorragia democrática. Lo que de verdad no se vale es rendirnos antes de votar.
P.D.1. Estamos cerca de saber si Brasil también le da la espalda a la izquierda latinoamericana. De confirmarse, México quedará como uno de los pocos países de la región gobernados por una izquierda rancia que fracasó en dar resultados. El electorado latinoamericano está pidiendo cambio: a la oposición mexicana le toca construir una oferta atractiva para 2027 y, si hace la tarea correctamente, para 2030. P.D.2. El personal de salud pública está en huelga y en reclamo permanente. Esta crisis es producto de malas decisiones acumuladas y del desprecio con que se trata a quienes cuidan nuestra salud. P.D.3. Es muy revelador que la presidenta Sheinbaum siga defendiendo a capa y espada a los miembros de su partido con vínculos evidentes con la corrupción y la delincuencia organizada. La explicación más plausible es que, si caen algunos, caen muchos de la cúpula de Morena. P.D.4. Sin mantenimiento, sin inversión pública y sin planeación, los baches de calles y carreteras son la prueba más visible de que la infraestructura se cae a pedazos. Son la punta del iceberg de un gobierno que no da resultados. P.D.5. La suspensión de Jóvenes Construyendo el Futuro muestra que las finanzas públicas ya no aguantan a un régimen que gasta sin control e impide la inversión y el crecimiento. La irresponsabilidad financiera ya los alcanzó, y nos dejará hipotecados por muchos años. _____ Juan Francisco Torres Landa* es miembro del Consejo Directivo de UNE México y de la red de Unid@s. Nota editorial: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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