CIUDAD DE MÉXICO, octubre 26 (EL UNIVERSAL).- «¡Eso, Lucía, no te dejes!», gritó una mujer desde su asiento mientras Lucía Galán discutía con su hermano Joaquín sobre una infidelidad. La escena provocó risas y aplausos entre el público del Auditorio Nacional, que por momentos parecía olvidar que los protagonistas no eran una pareja, sino dos hermanos argentinos que llevan más de cuatro décadas convirtiendo los conflictos amorosos en canciones.
Y es que, si algo ha conseguido Pimpinela, es hacer de los reproches, los celos y las traiciones un espectáculo en el que todos parecen tener una historia que contar.
La noche comenzó con un viaje al pasado. En las pantallas del recinto se proyectaron imágenes de una antigua entrevista en la que Lucía y Joaquín recordaban sus orígenes, desde la llegada de sus padres españoles a Buenos Aires hasta los primeros años en los que comenzaron a cantar juntos.
«Porque no cantaban personajes perfectos, cantaban emociones …
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