Para que el cine de nuestro país pueda “romper con la cuarta pared” y convertirse en ese elemento de identidad que antaño fue, necesita abrirse no solo a los escenarios tradicionales como la Ciudad de México (temáticas urbanas), Durango (reviviendo a las películas del oeste), Guadalajara (la Meca del videohome) o Monterrey (un cine con mucho sentido para la gente de Nuevo León y hasta ahí), sino también a que la cámara recorra los diversos puntos que posiblemente no sean los puntos neurálgicos del desarrollo económico, pero si pueden ofrecer algo diferente a lo que nuestras historias reflejan en la pantalla grande.
Por ello, una película como Pérdida Total, de Enrique Begné, se abre camino como una narración que tom…
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