Durante las décadas de 1930 y 1940, la Ciudad de México enfrentó una compleja crisis ambiental: el acelerado hundimiento del terreno urbano. La causa principal fue la extracción desmedida e intensiva de agua subterránea mediante pozos y norias locales para abastecer a una población en crecimiento. Los acuíferos del Valle de México estaban siendo explotados más allá de su recarga natural, colapsando la estructura del suelo. Ante la imposibilidad de depender únicamente de las fuentes internas sin agravar los daños en la capital, autoridades e ingenieros analizaron las cinco cuencas circundantes al Valle de México : Lerma , Cutzamala , Amacuzac , Libres Oriental y Tecolutla . Se determinó que Lerma y Cutzamala eran las más apropiadas y viables por su proximidad geográfica para convertirse en las primeras proveedoras externas de agua potable.

La expansión a 230 pozos

El Sistema Lerma nace en 1951 La respuesta técnica a este desafío se concretó en 1951, año en que entró en operación el
Sistema Lerma . Esta obra pionera representó el primer hito de transferencia hídrica intercuencas para la metrópoli, diseñada para abastecer a la población sin incrementar la sobreexplotación de los valles del Valle de México y
Toluca-Ixtlahuaca . En su primera fase de funcionamiento, el esquema de captación combinaba fuentes superficiales y subterráneas. Aprovechaba escurrimientos superficiales de Almoloya del Río, Texcaltenango y Alta Empresa, en el Estado de México, y complementaba este caudal con la extracción subterránea mediante cinco pozos profundos iniciales. La
Comisión Nacional del Agua (Conagua) detalla que a mediados de los años setenta, el crecimiento demográfico volvió a presionar las fuentes existentes, provocando una nueva crisis de agua en la capital. Para hacer frente a la emergencia, en 1975 se puso en marcha una segunda etapa del
Sistema Lerma . Esta fase implicó una intensificación drástica en la extracción subterránea del Alto Lerma mediante la perforación masiva hasta alcanzar 230 pozos profundos. Gracias a esta expansión, el volumen entregado a la metrópoli experimentó un incremento histórico, llegando a suministrar hasta 14 metros cúbicos por segundo (m³/s) —unos 13,700 litros por segundo— ya para la década de los años setenta. Sin embargo, esta extracción intensiva provocó severas consecuencias ambientales y sociales. El bombeo continuo en los acuíferos de la cuenca del río Lerma detonó un acelerado deterioro de los recursos hídricos.

La sobreexplotación impactó gravemente la agricultura regional y aceleró el cambio de uso de suelo hacia un intenso proceso de urbanización. Asimismo, el agotamiento de las fuentes generó conflictos regionales por la competencia del agua. Como resultado, la aportación del Sistema Lerma sufrió una paulatina disminución, reduciéndose de aquel pico histórico de 14 m³/s a una entrega de casi cuatro metros cúbicos por segundo. Este sistema comienza en las ciénegas y pozos profundos del río Lerma en el Estado de México (cerca de municipios como Almoloya del Río y Lerma), y cuenta con cientos de kilómetros de redes hidráulicas, pozos, acueductos y túneles que transportan el agua desde el poniente del Valle de Toluca. El agotamiento en Lerma y los continuos hundimientos en la Ciudad de México obligaron a planificar la importación desde una segunda cuenca externa: el Sistema Cutzamala , que comenzó a operar a finales del siglo XX. A pesar del declive en su caudal, la infraestructura del Sistema Lerma sentó bases clave para la conectividad hídrica regiona l. Redes posteriores de distribución, como el acueducto del Macrocircuito (Ramal Norte), se diseñaron para conectarse con la línea de conducción del Ramal Norte del Sistema Lerma en la Cruz de la Misión. De igual forma, el Cutzamala integró cruces aéreos en el río Lerma.

Dentro del Programa Hídrico por Organismo de Cuenca, Visión 2030 , elaborado por el Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México ( OCAVM ), el escenario sustentable plantea el cese gradual de la importación de agua del Sistema Lerma. El objetivo es frenar la sobreexplotación de la cuenca del río Lerma, permitiendo la recuperación de sus acuíferos y promoviendo fuentes alternas sustentables. De este modo, el pionero que alivió la sed de la capital durante el siglo XX se encamina hacia un proceso de restauración ecológica.

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