La tercera ronda de negociaciones para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha concluido en la Ciudad de México, destacando la necesidad de avanzar hacia un acuerdo bilateral. Los temas discutidos abarcaron sectores cruciales como acero, aluminio, automóviles, seguridad económica, cuestiones laborales, agricultura y servicios de pagos electrónicos. Ambas delegaciones han acordado llevar a cabo una cuarta ronda de negociaciones en la primera quincena de noviembre.

La renegociación anual propuesta por el gobierno de Estados Unidos involucra un intercambio comercial que asciende a casi 900,000 millones de dólares al año. Las exportaciones de mercancías etiquetadas como «Hecho en México» hacia Estados Unidos alcanzaron un valor de 54,000 millones de dólares en mayo, lo que representa un incremento del 17% en comparación con mayo de 2025, marcando la cifra más alta mensual desde 1985. (Secretaría de Economía, 2026). México ha superado a Canadá y China como el principal proveedor de Estados Unidos, concentrando el 17% de las compras en el extranjero. La mayor parte del comercio bilateral se lleva a cabo en estados gobernados por el Partido Republicano, siendo Texas el más destacado, con cerca del 35% de dicho comercio. Un tema prioritario para el gobierno estadounidense es el medio ambiente. Se ha enfatizado que la exportación de aguacates debe proceder de tierras que no hayan sido deforestadas ilegalmente, reflejando un compromiso con la sostenibilidad. Además, se ha planteado la cuestión del vertido de aguas residuales industriales hacia el suroeste de Estados Unidos, especialmente en la frontera entre Tijuana e Imperial Beach, California. La seguridad fronteriza y los compromisos de México en la entrega de agua también son esenciales para el gobierno estadounidense. Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, ha subrayado ante el Congreso de su país que la cooperación de México en estos asuntos es fundamental para la renovación del T-MEC. La cuestión del agua del Río Bravo es un punto de tensión. Greer ha indicado que el retraso de México en las entregas de agua bajo el Tratado de Aguas de 1944 podría afectar la renovación del T-MEC. Este escenario ilustra cómo las negociaciones abarcan no solo temas comerciales, sino también preocupaciones políticas, ambientales y laborales. La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) ha propuesto imponer aranceles de 10% o 12.5% a las importaciones de 60 países que constituyen casi la totalidad de las importaciones estadounidenses, incluido México. El argumento es que estos países no aplican efectivamente prohibiciones sobre bienes fabricados con trabajo forzado, lo que les otorga una ventaja competitiva desleal. El arancel propuesto es el mismo, pero cambia de fundamento, pasando de la sección 122 a la 301 de la Ley de Comercio estadunidense. El arancel del 10% se establece tras la propuesta del gobierno mexicano de eliminar tarifas al acero, aluminio e industria automotriz, y se mantiene la exclusión del 85% de las exportaciones de México que cumplen con el T-MEC.

En la Declaración Conjunta, ambos países subrayaron la urgencia de promover la manufactura norteamericana, fortalecer el mercado regional y frenar el aprovechamiento indebido de terceros países. Las negociaciones actuales son más que un simple ejercicio técnico; representan una oportunidad para redefinir la relación comercial y estratégica entre México y Estados Unidos, especialmente bajo un enfoque de seguridad multidimensional que abarca tanto la seguridad nacional como la económica. Un logro significativo para México en el contexto de la política arancelaria estadounidense es la preservación de la ventaja competitiva que otorga el T-MEC. Sin embargo, es probable que la política comercial de Estados Unidos continúe promoviendo una mayor protección y exigencias más estrictas para sus socios comerciales. La capacidad de ambos países para gestionar estas preocupaciones mutuas será crucial para el éxito del T-MEC. La colaboración y el entendimiento recíproco son esenciales para establecer un marco de confianza que fomente la competitividad, la relocalización y el bienestar entre México y Estados Unidos. ____ Nota del editor: José María Ramos es especialista en relaciones México-EU y Profesor del colegio de la frontera norte, Tijuana. Analista de gobernanza, políticas y gestión estratégica para el desarrollo y de la cooperación transfronteriza MexUS./ Dr. en Ciencias Políticas y Sociología por el Instituto Universitario y de Investigación José Ortega y Gasset, España. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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