La amenaza de redadas migratorias en estadios o zonas de aficionados, la dificultad para lograr visados turísticos o el encarecimiento de los viajes por la guerra de Irán han ensombrecido los ánimos en EE.UU. de cara al Mundial y rebajado las expectativas que tenía el sector turístico estadounidense con respecto al torneo.
Las cifras que dejó 2025 ya fueron poco halagüeñas, empezando por el frenazo en las visitas al país desde el extranjero (un 5,5 % menos con respecto a 2024, el mayor retroceso en dos décadas obviando la pandemia) y siguiendo con la discreta acogida del Mundial de Clubes en EE.UU., del que solo se vendieron el 62 % de las entradas.
Ambos datos tienen relación parcial con la creciente antipatía hacia Estados Unidos en otros países que reflejan diferentes encuestas desde que Donald Trump retornó a la presidencia el año pasado.
También tienen que ver con la mano dura que su Gobierno ha aplicado en el terreno migratorio en un país que ya era conocido por sus estrictos controles fronterizos.
Se sabe que este año el Mundial supondrá un repunte en lo que se refiere a visitas de turistas extranjeros, pero los pronósticos muestran que no será tan significativo, ya que el volumen estimado para todo el año (70 millones de viajeros foráneos) seguirá por debajo de los máximos prepandémicos (79 millones en 2019).
La consultora Oxford Economics estimó en concreto que la Copa del Mundo por sí sola será responsable de 742.000 visitas específicas al país.
Sin embargo, un informe de la Asociación Americana de Hoteles y Alojamientos señala que un 80 % de hoteleros encuestados en ciudades anfitrionas afirman que las reservas para las cinco semanas que dura la competición están por debajo de sus previsiones iniciales.
En el mismo informe, casi el 70 % de encuestados dice que las barreras relacionadas con visados -pese a que EE.UU. activó un sistema llamado Visa Pass para acelerar procedimientos para aficionados con boletos- y las preocupaciones de tipo geopolítico están minando significativamente la demanda de los viajeros internacionales.
En lo geopolítico, la guerra de Irán, las enrocadas negociaciones con Teherán para poner fin al conflicto y los efectos económicos del cierre del estrecho de Ormuz, empezando por el encarecimiento del queroseno que emplean las aerolíneas comerciales, amenazan con desincentivar a muchos potenciales visitantes más.
Advertencia por guerra
Por su parte, la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU) y otras entidades de derechos humanos emitieron una advertencia de viaje para aficionados, jugadores o incluso periodistas, destacando la «guerra ilegal de Trump con Irán«, así como la ampliación de la lista de países cuyos ciudadanos tienen limitada o prohibida -salvo excepciones- la entrada en Estados Unidos.
Ese listado, que según estas organizaciones contribuirá a reducir el número de visitantes foráneos al Mundial, suma ya 40 países y territorios e incluye a cuatro naciones clasificadas para el torneo; Haití, Costa de Marfil, Senegal y la propia Irán.
Esta última disputará sus tres partidos de fase de grupos en sedes estadounidenses, pero aun así ha optado finalmente por cambiar su campamento base de Tucson, en Arizona, a Tijuana, en territorio mexicano.
A esto se unen los grandes operativos que la agencia migratoria ICE ha acometido desde 2025 para capturar indocumentados y deportarlos, un escenario que el director del grupo de trabajo de Casa Blanca para el Mundial, Andrew Giuliani, no descartó que se produzca durante el campeonato, alegando que la seguridad nacional va primero.
La ONG Human Rights Watch advirtió en abril que el Mundial «comenzará en un clima de temor» por las campañas anti inmigración de Trump y subrayó que entre enero de 2025 y marzo de 2026 ICE arrestó al menos a 167.000 personas, en las 11 ciudades estadounidenses que serán sede.
HRW argumenta además que la magnitud y visibilidad de estas redadas, en las que se aplica abiertamente un criterio racial, no solo van a desincentivar los viajes a EE.UU., también hará que aficionados de determinadas comunidades residentes en el país, en situación tanto regular como irregular, decidan no celebrar en las calles o acudir a partidos o zonas de aficionados.


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