Respondía el dirigente venezolano Omar López tras derrotar de forma heroica a Japón, el sábado en cuartos de final, que la condición de potencial beisbolera de los sudamericanos no dependía de ganar este Clásico Mundial de Béisbol. Hacía rato que se había alcanzado.

Tenía toda la razón. Si bien para muchos el triunfo sobre los Estados Unidos en la final del torneo fue  el certificado de graduación de Venezuela lo cierto es que la tierra de Simón Bolívar hace décadas que come en la mesa de los cuatro grandes productores de talento. A la MLB y a las principales ligas.

Pero esta corona tiene un sabor más que especial. Se enfrentó el camino duro, sin atajos, se ganó a dos de los mejores del mundo, revestidos de All-Stars

Venezuela es desde principio de siglo el segundo exportador de jugadores al Big Show, en 2025 colocó a 93 hombres y ya supera los 500 de por vida. Solo EE. UU. y República Dominicana van delante.

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Venezuela tuvo pelotero en la MLB casi dos décadas antes que Dominicana. Fue en 1939 con Alejandro “Patón” Carrasquel. Su liga profesional (LVPB) se inició en 1945, pero cuatro años antes el país ganó la Serie Mundial Amateur en Cuba, el despegue de una disciplina introducida al país en 1895 por estudiantes universitarios que regresaban EE. UU. 

Hoy, Caracas tiene en el Estadio Monumental Simón Bolívar el mejor aforo de la disciplina en América Latina. Un parque de Grandes Ligas.

Venezuela ha aportado figuras que se incrustaron en el iris del aficionado como Luis Aparicio, David Concepción, Andrés Galarraga, Omar Vizquel, Magglio Ordóñez, Johan Santana, Miguel Cabrera, Félix Hernández, Bobby Abreu y José Altuve.

Entre 1980 y 1990 llegaron las academias de la MLB y se disparó el aterrizaje de talentos a la Gran Carpa. Pero ni el cierre de operaciones de los clubes  en el territorio en 2015 detuvo el flujo de talento. 

La nueva ola

Ronald Acuña, Ranger Suárez, Gleyber Torres, Luis Arráez, William Contreras y Andrés Giménez, Francisco Álvarez y Maikel García son parte de más de un centenar de jugadores que llegó a la Gran Carpa desde 2018, como muestra de que ni la crisis económica y los problemas diplomáticos fueron factores para apagar esa manufacturera que pule diamantes de altos quilates.

Desde el Clásico inicial (2006) Venezuela presentó planteles con la calidad para ganar el torneo. Siempre estuvo entre los cuatro favoritos, faltó un out, una jugada, un batazo, que ahora llegó, como el palo de Eugenio Suárez.  Otro ejemplo de lo complicado que resulta ganar en béisbol.