«Abriendo los ojos se aprende más que abriendo la boca.» Anónimo

La ofensiva en el béisbol de Grandes Ligas está en crisis, lo que amerita se le ponga atención al renglón más importante del juego.

No puedo creer que se hable de expansión cuando la calidad del juego está en decadencia, en caída libre y sin salvavidas.

Tal vez sea el énfasis en los jonrones y la falta del juego pequeño, tal vez sea el reloj de lanzamiento al que los bateadores no pueden ajustarse, o tal vez los jugadores no son tan buenos.

Al comienzo de la jornada de ayer jueves, sólo siete jugadores estaban en el aristocrático club de los .300: Aaron Judge, Yanquis, .323; Jacob Wilson, Atléticos, .311; Jonathan Aranda, Tampa, .316, en lista de incapacitado; Jeremy Peña, Houston, .307; Bo Bichette,  Toronto, .307; George Springer, Toronto, .303; Freddie Freeman, Dodgers, .302.

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Lo que pinta el panorama, sea lo que sea, no es bueno dentro de las líneas de cal. No se tiene a mano una fórmula salvadora.

 El promedio de bateo de los jugadores ha ido en declive en los últimos 5 años, y este año podríamos ver al final de la temporada con solo dos jugadores bateando por encima de .300.

Una prueba irrefutable de que el béisbol está en una mala situación. Hasta ahora, solo 7 jugadores batean por encima de .300 y es muy posible que la cifra sea menor para finales del verano.

Y un estándar tradicional de excelencia es ahora una especie en peligro de extinción: el promedio de bateo de .300, una estadística popular y de fácil comprensión que ha sido devaluada y convertida casi en inútil por la revolución analítica del béisbol.

En una generación anterior, este desarrollo sería casi escandaloso, a un mes de que termine la temporada regular, la Liga Nacional tiene un bateador de .300 y es Freddie Freeman, de los Dodgers.

Sólo un jugador ha ganado un campeonato de bateo con un promedio inferior al .302 de Freeman: Carl Yastrzemski de los Medias Rojas de Boston, quien ganó la Liga Americana bateando .301 en 1968.

Un día como hoy, 29 de agosto

1953: En el primer juego de la serie final, las Águilas del Cibao derrotan 8-5 a los Tigres del Licey, donde Emilio Cueche lanzó juego completo y se anotó la victoria. Chichí Olivo fue el derrotado.

1985: Los Rojos de Cincinnati intercambian al veterano jardinero César Cedeño a los Cardenales por el jugador de ligas menores Mark Jackson. Cedeño ayudará a San Luis a conseguir el título de la División Este de la Liga Nacional con un promedio de bateo de .434 en 28 juegos.

1990: Félix José es obtenido por los Cardenales de San Luis desde Oakland junto al infielder Stan Roger por el jardinero Willie McGee.