El escenario: una iniciativa con remitente visible

Hay reformas constitucionales que nacen de la convicción y hay reformas que nacen de la coyuntura. La iniciativa del diputado Ricardo Monreal para anular elecciones en México cuando medie intervención extranjera pertenece, sin duda alguna, a la segunda categoría. Nadie en el análisis político serio puede ignorar el contexto en que fue presentada: los últimos compases de la administración Trump, la tensión bilateral en materia migratoria, arancelaria y de seguridad, y una retórica oficial que desde Palacio Nacional lleva meses señalando al gobierno norteamericano como el gran perturbador de la soberanía mexicana. La iniciativa tenía remitente, código postal y hasta nombre en el sobre.

El oso en la sala que nadie nombra

El problema no es que exista la iniciativa; el problema es que está incompleta de manera conveniente. La reforma se aprobó. La ley secundaria que daría dientes a su aplicación quedó congelada, flotando en ese limbo legislativo que en México funciona como sala de espera permanente para todo aquello que políticamente incomoda. Y ahí, en ese congelamiento revelador, está la primera gran pregunta: ¿qué pasa cuando el injerencismo que hay que regular no viene del norte, sino del este? Mientras el oficialismo mexicano construía su narrativa de resistencia soberana frente a Washington, la presencia rusa en el ecosistema político, ideológico y de inteligencia mexicano crecía sin mayores obstáculos ni señalamientos desde el gobierno. No es especulación ideológica: es un patrón documentado en múltiples latitudes —América Latina incluida— que organismos de inteligencia occidentales, investigadores académicos especializados y periodismo de investigación regional han rastreado con evidencia creciente. La diplomacia rusa ha cultivado deliberadamente vínculos con movimientos y gobiernos que comparten una narrativa común: el antiamericanismo como eje articulador. México, bajo la lógica de una «política exterior independiente», se convirtió en terreno fértil para esa siembra ideológica. No se trata de acusaciones sin sustento: se trata de una dinámica geopolítica conocida, estudiada y documentada en otras geografías que hoy opera con relativa comodidad en el espacio mexicano, sin que ningún funcionario de la Cuarta Transformación haya tenido la voluntad política de nombrarlo. La pregunta que ningún legislador oficialista ha respondido con claridad es brutal en su simpleza: ¿la reforma de Monreal aplica también si la intervención electoral viene de Moscú o de Beijing? El silencio institucional ante esa pregunta es, en sí mismo, una respuesta.

Lo que sí se puede y se debe hacer: política pública con visión de 360 grados La conclusión que duele: la reforma que pudo ser histórica

El doble rasero como política de Estado Gobernar con doble rasero no es un accidente; es una decisión. Cuando el gobierno mexicano abre canales de colaboración con actores estatales rusos en materia educativa, ideológica o de seguridad, mientras simultáneamente legisla contra la intervención extranjera apuntando exclusivamente hacia el norte del continente, estamos ante una inconsistencia que no admite explicación técnica: solo admite explicación política. La soberanía selectiva no es soberanía; es política exterior disfrazada de principio constitucional. Una democracia que se blinda frente a ciertos actores internacionales mientras permite —o peor, estimula— la influencia de otros, no está defendiendo su integridad electoral: está eligiendo quién puede influir en ella. Esa elección tiene un nombre en la teoría política y en el derecho internacional, y no es precisamente «neutralidad». Las soluciones existen y son técnicamente viables, aunque políticamente incómodas para cualquier gobierno que opera con alianzas ideológicas internacionales:
Primero, dotar a la ley secundaria de la reforma electoral antiinjerencia de un mecanismo de activación universal y ciego al origen ideológico, donde el criterio de activación sea la evidencia de intervención, no la bandera del país interviniente. Eso requiere un órgano técnico autónomo —no político— con capacidad forense digital y de inteligencia.
Segundo, crear un Protocolo Nacional de Detección de Influencia Extranjera que opere de manera permanente, bajo supervisión del INE, la UNAM y órganos de inteligencia civil, con facultad para emitir alertas públicas sin importar la procedencia de la intervención. Rusia, China, Estados Unidos: mismo rasero, mismo protocolo.
Tercero, profesionalizar y fortalecer la Unidad de Inteligencia Electoral, hoy prácticamente inexistente como entidad especializada, con presupuesto etiquetado, perfil técnico y rendición de cuentas ante el Congreso, no ante el Ejecutivo.
Cuarto, México debe suscribirse a los marcos internacionales de monitoreo de desinformación y operaciones de influencia ya operativos en Europa —en particular los desarrollados desde el mecanismo EEAS de la Unión Europea—, adaptados a la realidad latinoamericana, sin alinearse a ningún bloque, sino a los estándares técnicos de detección. La iniciativa de Monreal pudo haber sido una reforma histórica, un hito en la madurez democrática de México. Tenía el andamiaje constitucional correcto, el momento político adecuado y la legitimidad de un principio irrebatible: ninguna potencia extranjera debe interferir en la voluntad popular mexicana.

Pero al llegar cargada de dedicatoria, al congelarse su aplicación práctica y al omitir sistemáticamente los vectores de influencia rusa y china, se redujo a lo que terminó siendo: un instrumento retórico de política exterior con barniz constitucional. México merece una defensa real de su soberanía electoral. Y esa defensa, para ser creíble, tiene que mirar en todas direcciones. No solo hacia el norte. _____ Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com y síguelo en redes sociales como @guerrerobaenamx Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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