La conferencia matutina fue concebida como un instrumento de poder presidencial. Andrés Manuel López Obrador la utilizó para imponer agenda, disciplinar adversarios y fortalecer la centralidad política de su figura. Pero ese mecanismo de control narrativo hoy parece operar, cada vez más, como una fuente de desgaste y exposición para la presidenta Claudia Sheinbaum.
López Obrador convirtió su “mañanera” en una plataforma para saltarse a los medios tradicionales, fijar los temas de conversación pública y mantener una comunicación directa con su base política. No era un ejercicio perfecto, pero sí lo suficientemente eficaz para enviar señales a sus simpatizantes, mantener bajo presión a sus críticos y ordenar políticamente a Morena. Eso era más fácil para López Obrador porque en su persona se combinaban dos elementos valiosos: la investidura presidencial y el liderazgo indiscutible de la Cuarta Transformación. Con esa doble protección, sus errores parecían tener consecuencias muy limitadas. No parece ser el caso de Claudia Sheinbaum. Ella solo cuenta con la investidura presidencial. Dentro de Morena, la presidenta enfrenta a integrantes del gabinete, personajes y familiares cercanos a López Obrador y grupos políticos que la menosprecian y cuentan con capacidad e interés para disputar espacios de influencia y liderazgo. Por ello, la protección de la investidura presidencial debería ser una prioridad central para la presidenta y su equipo más cercano. Resulta preocupante, entonces, que la llamada “Conferencia del Pueblo” se esté convirtiendo en uno de los principales pasivos de su gobierno: un espacio donde la presidenta pierde margen de control y queda expuesta tanto a los errores de sus colaboradores como a los costos políticos de su propia candidez. En las últimas semanas, en la “mañanera”, la propia mandataria ha revelado episodios que difícilmente fortalecen la percepción de autoridad presidencial. Ha dado a conocer, por ejemplo, que integrantes de su gabinete han renunciado a sus cargos para privilegiar proyectos partidistas, como ocurrió con la ex secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández; que cuando ha invitado a alguien a sumarse a su gabinete le han dicho que “lo van a pensar”, como sucedió cuando ofreció a Luisa María Alcalde la posición de Consejera Jurídica de la Presidencia; o incluso que hay gobernadores que no toman sus llamadas, como declaró en el caso de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, porque “no estaba en la oficina”. También en su conferencia la presidenta ha tenido que sortear públicamente errores de colaboradores que le ocultan información o toman decisiones sin consultarla. Ocurrió con la fuga de crudo que Pemex tardó días en reportar y recientemente con el fallido intento del secretario Mario Delgado de modificar el calendario escolar, una iniciativa que detonó una reacción adversa y obligó a la presidenta a contener el daño político.
Nada de esto es excepcional en un gobierno. Todos los presidentes han enfrentado colaboradores ineptos, renuncias inesperadas, errores administrativos o tensiones internas. Lo inusual es que un presidente voluntariamente proporcione información que claramente debilita su investidura. Aunque se pueda valorar la transparencia y la candidez presidencial, es muy difícil entender cómo eso compensa la erosión que proviene de la impresión de que en este gobierno alguien le puede ocultar información a la presidenta, renunciar al gabinete por intereses políticos, tomar decisiones importantes sin consultarla o incluso ignorar sus llamadas. En un momento de alta incertidumbre y polarización, México necesita una presidencia fuerte y con autoridad política clara. La mañanera puede seguir siendo una herramienta poderosa de comunicación, pero el desafío para la presidenta Sheinbaum es evitar que un mecanismo diseñado para consolidar poder termine generando desgaste innecesario para la propia investidura presidencial. _____ Nota del editor: Antonio Ocaranza Fernández es CEO de OCA Reputación. Síguelo en X como @aocaranza y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.
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