La guerra contra los cárteles del presidente Donald Trump tiene efectos diferenciados en Estados Unidos y en México. Mientras que para el primero puede redituarle en votos rumbo a las elecciones de noviembre, en el país significa mayor presión para que la presidenta Claudia Sheinbaum frene la constante amenaza de una intervención en territorio mexicano y acelere resultados en seguridad y migración. La narrativa del presidente de EU tiene como uno de sus propósitos satisfacer la base electoral de su movimiento MAGA (Make Amerca Great Again), la cual promulga el “America First” (Estados Unidos primero), en busca de votos que le permitan a su partido mantener el Congreso.

En sus tres campañas electorales, las amenazas contra México han sido clave en ese propósito y en su regreso a la Casa Blanca, optó por una estrategia más frontal contra los cárteles de las drogas . Además de designarlos como Organizaciones Terroristas Extranjeras (OTES), implementó acciones para frenar cualquier vínculo que pudiera beneficiarles, entre ellas investigaciones contra políticos mexicanos como el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha, y los mandatarios de Sonora, Alfonso Durazo, y de Tamaulipas, Américo Villarreal. La misma presidenta reconoció que hay funcionarios estadounidenses interesados en intervenir en México con el pretexto de su lucha en contra del narcotráfico. «Quieren usar a México como parte de su retórica en la elección y para aliarse con la ultraderecha en México para la elección del 2027», aseguró. Para, José Luis García, catedrático de la Universidad Iberoamericana, Trump está en un momento debilidad política por los bajos niveles de popularidad que tiene , por lo que existe la posibilidad de que pierda la Cámara Representantes, el Senado o incluso ambos, lo que puede hacer que endurezca las amenazas hacia México. «Del resultado, depende que tenga una respuesta mucho más virulenta y se vuelva más exigente con lo que ha estado haciendo frente a la respuesta del gobierno mexicano en relación al combate al crimen organizado”, plantea. De acuerdo con datos recopilados por la consultora Cook Political Report, de Estados Unidos , a cinco meses de la cita electoral, la popularidad de Trump va a la baja. El mes de mayo lo cerró con 38.3% de aceptación, la más baja desde el arranque de su administración.

México, el ancla electoral del trumpismo

En las elecciones de 2016, Trump logró el triunfo al conseguir 304 votos electorales, mientras que su contendiente, la democráta Hillary Clinton, se quedó con 227. En el siguiente proceso, el de 2020, el republicano se quedó con 232 y la victoria se la llevó Joe Biden con 306 y en 2024 logró el triunfo con 312 votos electorales frente a la democráta Kamala Harris. En sus tres campañas electorales, Trump se lanzó contra México con frases como «No quiero nada con México más que construir un muro impenetrable”; «Cuando México nos manda gente, no nos mandan a los mejores. Nos mandan gente con un montón de problemas, que nos traen drogas, crimen, violadores» y “ Los cárteles son los que administran México”. Alejandro Martínez, especialista en seguridad nacional y catedrático de la Universidad La Salle, sostiene que para Trump atacar a México fue clave en sus tres campañas presidenciales y ahora rumbo al proceso intermedio también lo será porque sus intenciones serán percibidas por su base electoral como promesas cumplidas o en camino a concretarse. “Cualquier acción que haga el presidente hasta noviembre tiene una repercusión en el marco electoral, tomando en consideración que en su campaña presidencial pasada, una de sus promesas era precisamente el desmantelamiento de los cárteles de tráfico ilícito de drogas que llega al territorio estadounidense. El mensaje es que él está cumpliendo con esa promesa de campaña ”, refiere. El artículo » Paradojas del trumpismo, la crisis del fentanilo y la guerra contra los cárteles» plantea que la construcción del movimiento (o ideología) trumpismo (o trumpista) se vincula con la política de las drogas de Estados Unidos y su relación con México. El documento señala que durante la campaña presidencial de 2016 y a unos días después tomar posesión como presidente de Estados Unidos en 2017, Trump acuñó y utilizó el concepto de ‘bad hombres’, con el objeto de señalar a los cárteles de la droga mexicanos y culparlos por la epidemia de adicción a todo tipo de estupefacientes que aqueja a Estados Unidos. «Desde entonces, comienza a diseñar y comunicar una estrategia de propaganda y mercadotecnia electoral que se consolidó como parte de toda una ideología o movimiento -que algunos denominan trumpismo», refiere el artículo de Guadalupe Correa-Cabrera, de la George Mason University. Esa estrategia, agrega, dominó el discurso electoral del partido republicano en 2024 y se ancló a la prohibición de estupefacientes y a la militarización de la estrategia antinarcóticos de Estado Unidos más allá de sus fronteras. «Esto significaría la posibilidad de una incursión militar estadounidense en territorio mexicano, incluso sin la anuencia del gobierno de este país», agrega.

La presión para Sheinbaum En los casi 18 meses que el gobierno de Sheinbaum ha coincidido con la administración de Trump, la presión es una constante. Desde enero de 2025, tomó medidas como endurecer la política migratoria, designar como
organizaciones terroristas extranjeras (FTO) y terroristas globales especialmente designados (SDGT), y mediante la amenaza de imponer aranceles, elevar el nivel de seguridad en la frontera con México. Las medidas de Trump tuvieron efectos en el flujo migratorio, el cual tuvo un descenso de 97% al pasar de 305,608 en diciembre de 2023 (el pico histórico más alto) a 5,433 en mayo de 2026. La propia presidenta Claudia Sheinbaum lo mencionó como muestra de que México está colaborando con Estados Unidos. “Vean el nivel ‘de encuentro’ —se llama— que son personas que quieren entrar a los Estados Unidos y son detenidas por CBP, que es la agencia de Estados Unidos, que en la frontera detiene a personas que quieren cruzar sin papeles. Entonces, se redujo 97.5%”, dijo la presidenta el pasado 3 de junio.

En su gobierno también se han detenido a 54,300 presuntos delincuentes por delitos de alto impacto y se enviaron a Estados Unidos 92 presuntos capos de la droga. En cuanto a la llegada de fentanilo en ese país, se logró una reducción. En el año fiscal 2025, se decomisaron 5,210 kilos en la frontera con México, 54% de los 9,592 kilos que fueron incautados un año anterior. Alejandro Martínez explica que a pesar de lo México ha logrado, Trump seguirá presionando para que se haga más, ante el fracaso del conflicto con Irán, lo que electoralmente le traerá malas consecuencias. “La presión está en el máximo nivel porque para efectos de la narrativa política estadounidense, el presidente Trump tiene que buscar, como dice un refrán popular, no quién se la hizo, sino quién se la pague. De ahí el giro del presidente para centrarse en la lucha contra las organizaciones delincuenciales”, agrega.

En ese escenario, ahora la presión para la presidenta Sheinbaum no está en dar más resultados en detenciones, si no en la nueva prioridad de Trump: políticos autoridades vinculadas al crimen. En abril pasado, el Departamento de Justicia de Estados Unidos señaló a Rubén Rocha, hoy gobernador con licencia de Sinaloa, y a nueve políticos más de tener vínculos con el narcotráfico y pidió la detención con fines de extradición. Sin embargo, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum no ha procedido debido a que argumenta, faltan pruebas de los señalamientos. A esas acusaciones, esta semana se sumó una revelación periodística de Los Ángeles Times del presunto retiro de visas a los gobernadores de Sonora, Alfonso Durazo, y de Tamaulipas, Américo Villarreal, quienes también estarían bajo investigación por vínculos con el crimen o huachicol. Aunque ambos morenistas negaron los señalamientos, la noticia sacudió el gobierno de Sheinbaum por lo que se espera mayor tensión en la relación con Estados Unidos. «La presión va continuar. Están mencionados los gobernadores de Sonora y de Tamaulipas, pero también está investigándose a otros políticos», sostiene David Saucedo, experto en seguridad.

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